jueves, 24 de marzo de 2016

LAS FALACIAS DE “PERIODISTAS POR LA VERDAD” Gregorio Salazar




En medio del debate que sostuvieron el pasado viernes 18 de marzo el presidente del Colegio Nacional de Periodistas (CNP), Tinedo Guía, y el representante de “Periodistas por la Verdad”,  Marcos Hernández,  en el programa “Vladimir a la 1”, de Globovisión, el segundo afirmó que “el estado venezolano no tiene porqué subsidiar a los medios privados”, a los que calificó de “empresas muy rentables”.

Se entiende por subsidio la venta que hace el gobierno a medios impresos privados de insumos imprescindibles para su elaboración, como planchas, tinta y papel, en este caso importados a dólares preferenciales. Llegó asimismo a justificar la crisis que condujo un día antes a la desaparición de la edición impresa de “El Carabobeño” por falta de papel,  a los desaciertos en los que supuestamente habría incurrido el rotativo valenciano  y  en consecuencia habría sido víctima de su propia “falta de credibilidad”.

No sorprenden aseveraciones de este tipo, tan tendenciosas y alejadas de la realidad en boca de Hernández, pues es bien conocida su actuación durante todos estos años al frente de “Periodistas por la verdad”, que no pasa de ser una organización con fachada de ONG, creada expresamente para defender los desmanes del gobierno contra medios y periodistas e inclusive atacar a ambos sectores desde semejante parapeto, cuya coordinación ejerce simultáneamente mientras es funcionario de Conatel. Esto último, por cierto, no fue dicho en el programa.

Cualquiera diría que el colega Hernández no ha vivido en Venezuela durante los últimos años y que en razón de ello desconoce no solamente las perversas maniobras y decisiones oficiales para imponer lo que desembozadamente anunciaron hace muchos años los capitostes gubernamentales como uno de los objetivo fundamentales de la mal llamada  “revolución bolivariana”: la hegemonía comunicacional por parte del aparato del estado. Para ello, al tiempo que se asfixiaba mediante distintas acciones a los medios privados e independientes, se invirtió y se sigue invirtiendo una ingente suma de recursos en crear el mayor andamiaje comunicacional y propagandístico que haya tenido gobierno alguno en América Latina.

Adicionalmente, Hernández simula ignorar que en el país opera un control de cambio que impide no solamente a los medios privados, sino a todo el empresariado nacional el acceso directo a las divisas y que su asignación a precios preferenciales se hace de manera discriminatoria, con criterio de premio y castigo, según sea crítica, plegada o servil la línea informativa de esos medios. La asignación de divisas al sector privado ha llegado a mínimos históricos.  Las reservas internacionales están por el suelo después de la más grande orgía rentista petrolera de la historia.

Habló Hernández de “empresas muy rentables” cuando ese es un concepto que ya no vale para la gran mayoría del sector privado en un país cuyo parque industrial ha sido reducido poco menos que a cenizas por el obsoleto, ideologizado y demencial modelo económico que, a rompe y raja, se ha tratado de implantar en el país y cuyo fracaso no reconocen.

Tampoco tomó en cuenta el funcionario del Conatel, ni los otros dos colegas, el aspecto referido a la caída en picada de la inversión publicitaria. La privada porque son muy pocos los bienes que vender y, asimismo, contadas las empresas que se pueden dar el lujo de invertir en publicidad. Y por otro lado, el principal anunciante del país, que es el propio sector oficial, lo hace igualmente de manera discriminatoria y cada vez menos, dado el agotamiento de los recursos.

¿No se habrá preguntado alguna vez el colega Hernández por qué fueron vendidos la Cadena Capriles, el diario El Universal y Globovisión? ¿Cuáles fueron las nefastas condiciones que se conjugaron para que sus dueños originales terminaran vendiendo lo que por décadas fueron empresas estables, prósperas y en permanente modernización y crecimiento? ¿Y a manos de quienes fueron a parar esas empresas? ¿Quién controla totalmente a la Cadena Capriles? ¿A quién responde la línea informativa de El Universal?

Mientras los medios privados caen unos tras otros, y hay más de 80 medios impresos regionales en plena crisis, los medios del Estado, convertidos en instrumentos al exclusivo servicio del oficialista PSUV y sus aliados, constituyen unos de los más grandes desaguaderos de recursos del país. Ni hablar de Telesur que quema cuantiosos recursos en dólares, contantes y sonantes.  Hasta diciembre, las 32 páginas a todo color del “Correo del Orinoco” valían 2 bolívares y Ciudad CCS se sigue distribuyendo de manera gratuita.


A pesar de las dificultades, los venezolanos están a punto de revertir el proceso político que condenó a muerte la libertad de expresión y el derecho a la información. De ello depende hoy más que nunca la supervivencia de muchos medios de comunicación, sobre todo impresos, que, aun a costa de su existencia, apostaron por una Venezuela donde reinen los valores del sistema democrático,  la democracia, la pluralidad, la tolerancia y el respeto por las ideas ajenas.   

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